La pérdida de la sorpresa no debe apartarnos de la crítica, del halago ni de la socialización.

Recuerdo perfectamente el primer E3 que vi con mis propios ojos. Allá por 2008, un Miguel Bañón de unos 13 años de edad, a punto de cumplir 14, dejaba de lado por unos momentos los inagotables y persistentes dolores de espalda producidos por una rehabilitación de una operación bastante chunga. Empezaba a cambiar como persona, pero lo que no desaparecía de mi vida era una situación realmente complicada que derivó en una depresión bastante fuerte y realmente desagradable de experimentar. Por aquel entonces era un auténtico desastre como persona. La nula gestión emocional que un chaval tan joven tiene en esos momentos se me mezcló con una situación de salud que me tenía loco por todos lados. Es muy probable que aquellos dolores me marcasen tanto que, sin ellos, a día de hoy sería un ser humano radicalmente distinto al que cohabita con este mundo. ¿Para bien, o para mal? Bueno, eso nunca se sabrá.

Entre tanta amalgama de sentimientos encontrados el bueno del yo del pasado tuvo un momento de lucidez para darse un respiro a si mismo. Siempre he sido un auténtico apasionado de los videojuegos, pero hasta aquellas fechas mi amplitud mental respecto a los mismos se reducía a pasarme las horas muertas con mis consolas portátiles -por aquel entonces la que predominaba en mi vida era la Nintendo DS, aunque también seguía sacándole chicha a algunos juegos de mi backlog de Game Boy Advance-, a jugar al FIFA conmigo mismo y con mi padre si alguna vez se apuntaba y a disfrutar de alguna de las novedades del año. Casi nunca solían ser más de dos las que acababan en mi estantería al finalizar la temporada.

Llegó el momento, sin embargo, en el que empecé a tener más tiempo libre del recomendado. La pre-pubertad también hizo acto de presencia y, mira, o te ocupas con algo o te vuelves loco. El momento de lucidez del que os hablaba fue, nada más y nada menos, que sentarme en el mes de julio a ver las diferentes conferencias que compondrían la feria de videojuegos más importante de aquel momento.

Sé lo que estáis pensando. Este chaval no ha dado pie con bola en su vida; el primer E3 que ve, con el que se inicia en todo esto, y es el de 2008. Es cierto que aquella conferencia de Nintendo con ese hombre puesto hasta arriba de… mucha ilusión, aporreando el mando y el Nunchuk de la Wii en un minijuego de baterías absolutamente desacompasadas y con muchísimas ganas internas de morirse aún retumba en mis recuerdos como un ariete golpeando el campanario del pueblo con tu cabeza metida dentro.

"Si os soy sincero, aún no se muy bien si lo que marcó mi adolescencia fueron aquellos dolores o este ser venido de la darkest timeline. Uno nunca está preparado para estas cosas.

Es posible que aquella conferencia, en la cual el 90% de cosas que se anunciaron me discriminaban totalmente como usuario o me dificultaban la existencia en vez de facilitármela me amargase hasta lo más profundo de mi ser.

Puede ser, perfectamente, que aquello fuera un punto de inflexión en mi percepción hacia Nintendo. Una suerte de alienación dramática e influenciada por mis hormonas pre-pubertad que me hizo contemplar a la empresa que más alegrías me había dado en mis momentos de soledad y dolor como a aquel conocido al cual un día observas bailando, para acto seguido darte cuenta de que aquello que hasta ayer te hacía reír ahora te produce rechazo.

Me costó bastante salir de ese shock emocional -tampoco fue tan dramático-. Otro más en una colección ya bastante cargada. Y es posible que, a día de hoy, y aún habiendo recuperado casi por completo mi gestión emocional mi exceso de criticismo hacia la Gran N derive de una decepción que me llegó en un momento en el cual yo necesitaba todo lo contrario. Pero intento domarme.

Pero todo aquello tuvo su lado positivo. ¿Quién me lo iba a decir a mí, ese ser humano solitario y refunfuñón de 13 años, que pasados 10 más vería lo bueno entre toda una maraña de podredumbre? Aquellas decepciones me sirvieron para desarrollar una de las cosas más importantes que una persona puede tener: la capacidad de ser crítico.

Vivimos en una sociedad en la que todo aquello que se escribe por Internet y sus redes sociales se toma como cierto; aunque aquello que se filtra se diga mucho antes de que se anuncie oficialmente. Una vez recibimos esta información, la capacidad para sorprendernos reduce hasta el mínimo común denominador. Aquel que nos hace pronunciar de inmediato la frase “ya no tiene sentido ver esto en directo”. Nuestra opinión final queda influenciada desde el primer momento ante el desdén que muestran las compañías a la hora de guardar sus cartas para una cita que se presupone la más importante de todas. Todas las de nuestro hobby favorito. Muchas personas hasta optan por prescindir de ver el evento cuando el Battlefield V de turno se llega a ver antes de que se anuncie en él.

Esto es peligroso. Muy peligroso. Como seres adultos que ya somos, y consumidores por ende tenemos una responsabilidad. Esta es la responsabilidad de juzgar con nuestros pensamientos qué productos triunfan y cuáles no. Pero también a las empresas que los crean. El análisis comunicativo de cada una de las compañías a la hora de presentar una conferencia, la más importante del año, también debe ser un factor a tener en cuenta a la hora de crearnos nuestras impresiones personales sobre ellas.

Es cierto: cuando la EA de turno filtra medio organigrama de contenidos dos semanas antes de su ponencia lo más probable es que esto nos genere una decepción considerable. Sin embargo, debemos evitar que esta primera impresión consiga quitarnos la ilusión por ver los movimientos que esa empresa llevará a cabo, in situ, en el escenario. Quizá todo aquello que ya se ha anunciado y que ha aniquilado nuestra capacidad para sorprendernos sea, también, todo aquello que esperábamos de ese título.

También es correcto: en el mundo globalizado de las redes sociales las empresas cada vez prestan menos atención a fijar noticias importantes para una fecha concreta. Todo aquello que publiquen en sus cuentas de Twitter, YouTube o derivados van a tener un eco inmediato y un sitio asegurado en la actualidad del día. Es mucho más prolífico que reservarse la carta para un día concreto y situado ya en la mitad del año fiscal, lo que siempre te hace correr riesgos innecesarios de incumplimiento de fechas o de coincidencias incómodas con otros títulos más potentes que el tuyo.

Sin embargo, donde de verdad se mide la valía de una compañía es en el mimo que ponen en organizar aquel evento en el que sabes que miles de personas están dedicando un tiempo de su vida que jamás va a volver a ver lo que tú tienes que contarles. Es por esto mismo por lo que debemos saber reconocer que es tan importante el “qué” como el “cómo”. Es posible que no se nos diga nada nuevo en lo que a nombres se refiere. Pero prestemos un poco de atención a como se nos intenta entretener. A cómo se nos cuentan las cosas. A aquel aliño que consigue mantenernos atentos o con una sonrisa en la cara durante un rato largo en vez de totalmente avinagrados. En caso de que esta segunda circunstancia haya sido la que más hayamos sentido al acabar de ver una conferencia, entonces critiquemos.

"Sí, es cierto que, tres años más tarde, si calificásemos la conferencia de Sony del E3 de 2015 como de cortina de humo no andaríamos demasiado equivocados. ¿Pero os acordáis del éxtasis colectivo que se generó al ver The Last Guardian, Shenmue 3 y Final Fantasy 7 Remake en un mismo evento? ¿Pensáis que la euforia hubiese sido igual si estos anuncios se hubieran quedado en simples filtraciones anteriores a la misma cita? Esto es la verdadera grandeza del E3: el disfrute del momento correcto, en el sitio adecuado y con las personas idóneas.

Allá por 2008, un servidor empezaba a volverse adulto. La vida es una constante evolución y un cambio continuo de tu percepción hacia todos aquellos elementos que te rodean. Aquello que hace una semana te encantaba ahora mismo puede que te genere arcadas. Allá por 2008 Nintendo me decepcionó, pero a cambio Microsoft y Sony supieron darme eso por lo que mi alma llevaba suspirando desde que crucé la frontera de la inocencia. Aquello que de verdad necesitaba. Un motivo para sacar el Motorstorm de mi PS3 y empezar a meterle más discos a esa ranura polvorienta. Una razón para que, apenas 3 años más tarde, también optase por comprarme una Xbox 360 cuando poco antes para mi no tenía ningún sentido tener dos consolas que reproducían los mismos juegos, en la inmensa mayoría de casos. Aquellos Fallout 3, Gears of War 2, Resistance 2 o Resident Evil 5 que saltaron a la palestra dispuestos a salvar unas fechas que se preveían más oscuras de lo recomendable.

El E3 de 2008 fue el primer paso que di hacia la conversión de mi principal divertimento. Aquella que lo hizo evolucionar hacia una pasión. Hacia una aspiración laboral. Hacia una propia forma de entender el conocimiento, como aquella persona que considera el cine algo más que un producto de ocio. Hacia algo más de mi personalidad.

Sin embargo, todavía faltaba algo. Por aquellas fechas me situaba en un proceso en el que empezaba a recoger con gusto, e incluso ansias, un enriquecimiento en mi cultura de videojuegos que me empujó a salir de mi zona de confort a lo bestia. Pero esta salida tuve que hacerla solo. Como casi todo en la vida. No fue hasta varios E3 posteriores cuando, por fin, pude ver esta gran cita con varios amigos. Y, como en cualquier otro evento, creo que no hace falta que explique la gran diferencia que reside entre presenciarlo solo, con la única compañía de tu sombra y con los únicos análisis que puedes establecer contigo mismo y verlo con personas a la que aprecias.

Hoy, a las 20:00, empieza el E3 de 2018 con la primera intervención, la de EA. Todo el mundo sabe lo que se va a anunciar. Incluso una de las llamadas a ser la sorpresa de dicha conferencia, Unravel 2, se ha filtrado esta misma madrugada pasada. Sin embargo, que esta pérdida de la capacidad de sorprendernos no nos aparte del maravilloso acto que reside en ver este gran evento para juzgar mucho más allá de los títulos que se anuncian. Que esta disolución de la ilusión que a uno le produce que le cuenten algo bueno que no se esperaba no nos quite las ganas de juntar a varios amigos para pasar unos buenos días juntos. Porque aquellos gritos de euforia provenientes de ver aquello que ya sabíamos que existía, pero que se ve muchísimo mejor de lo que nos pensábamos se hacen mucho más fuertes si encuentran un eco en alguien próximo. Y esos lamentos que proferimos al presenciar todo aquello cuanto es aberrante suenan un poco menos solitarios al escuchar que hay alguien que siente lo mismo.

Ver el E3 en directo cada vez tiene menos sentido, pero por eso nos encanta. Las redes sociales y sus filtraciones son muy solitarias.

La vieja estrategia de quedar como un apaleado.

Hace poco menos de una semana, la organización del Gamelab de Barcelona anunció que entre sus ponentes de la edición de este año contarían con la presencia de Daniel Vávra, creador de Kingdom Come Deliverance junto a su compañía, Warhorse Studios.

La polémica estaba servida; aunque el fin último del Gamelab siempre ha sido hablar sobre los distintos procesos que tienen lugar a lo largo del trayecto creativo que da lugar a un videojuego, usando como referencia las vivencias y experiencias de los distintos invitados a los que se les da la oportunidad de hablar y expresar sus inquietudes a la hora de desarrollar un título, lo cierto es que la elección de Vávra parecía basada pura y exclusivamente en la polémica. En aquello tan anticuado que se sustenta en lo de "toda publicidad es buena, incluso la mala".

Daniel Vávra tiene un pasado tremendamente convulso. Allá por 2014, cuando aquella etapa tan deleznable de la Historia moderna de los videojuegos llamada Gamergate estaba en su máximo apogeo, él se posicionó a favor de ella. Creemos que no hace falta explicar a estas alturas la vergüenza que supuso aquel movimiento para todos nosotros, y el porqué de que proclamarse defensor de la misma sea algo horrible.

Esto, obviamente, dejó una marca -probablemente imborrable- en su figura. Tal ha sido así que, tras una campaña de acoso y derribo que, en algunos casos, ha derivado en graves insultos hacia su persona, Vávra ha anunciado que renuncia a su asistencia a la edición del Gamelab de este año. Esta decisión nos la ha hecho saber Iván Fernández Lobo, fundador del propio evento, mediante su cuenta de Twitter.

Seamos sinceros: el mero hecho de que Vávra defendiera en su tiempo lo que defendió le convierte en una persona deleznable. Su último trabajo, además, se ambienta en un periodo histórico que otorga al creador de una excusa perfecta para legitimar sus pensamientos trasladados al campo creativo sin que tenga que dar ninguna explicación por ello porque dicha obra es "realista".

Sin embargo, pensamos que se ha perdido una oportunidad de oro para realizar el mejor ejercicio que puede llevar a cabo un periodismo serio: desmantelar a una persona y a sus equivocados ideales, delante de una masa de público amplia, con argumentos razonados y bien empleados. A cambio de esto, y sin caer en personificaciones, se ha decidido empezar a insultar a una persona por redes sociales de forma absolutamente impulsiva, dándole a esta la oportunidad de oro de quedar como mártir y legitimar sus ideas. Cosa que ha hecho. Ahora la víctima, en su consciencia, es él.

Si nos quejamos de que el periodismo de videojuegos es todavía una rama inmadura de la profesión y de que el resto de periodistas aún no nos toman en serio de verdad es precisamente por cosas como estas. Por no saber aprovechar las oportunidades. Vivimos en una sociedad en la que pensamos que los movimientos que se llevan a cabo a través de las redes sociales tienen el mismo efecto y funcionan igual que los que tienen lugar en persona. Probablemente, en cuanto los insultos empezaron a llegar a la pantalla de Daniel Vávra, este vio la oportunidad perfecta para esperar a que la bola empezase a engordar. Así hasta que llegase el punto en el que esta fuera tan densa que llegara a ser imposible deshacerla. Entonces, y solo entonces, él renunciaría a formar parte del calendario de ponencias del evento.

Otro malvado movimiento que deja sin trabajo a un pobre trabajador. La vieja estrategia de quedar como un apaleado. Y no hemos sabido verlo a tiempo.

En el momento en el que escribo estas líneas, las redes sociales están echando humo. Una mitad del sector periodístico está lanzándose contra la otra mitad, dando una imagen tremendamente madura.

Luego nos quejamos.

Esta maldita estafa tiene que desaparec... ¡¡¡MIERDA, OTRA VEZ TODO BLANCO!!!

2017 acabó ya hace un par de meses. Los años acaban, normalmente, con la Navidad y con ella vienen irremediablemente los típicos regalos feísimos que las familias nos hacemos entre nosotros. En esas fechas de consumismo voraz, al final el presente que más se valora es el ticket de devolución que tu suegra te dice que viene incluido, inherentemente, como dando por hecho que se ha equivocado con la talla del jersey que te ha comprado.

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